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Cien años que invitan a pensar


El día 15 de septiembre de 1911 se dio inicio, en la ciudad de Buenos Aires, a la construcción del primer subterráneo de la República Argentina. El país pasaba a convertirse en el primero de todo el hemisferio sur y el decimotercero en el mundo en contar con este medio de transporte. Aniversarios de esta índole invitan a realizar una mirada retrospectiva del pasado, en la búsqueda de un balance que permita trazar desafíos hacia el futuro.

En la primera década del siglo XX, Buenos Aires había experimentado un marcado crecimiento demográfico que impactaba notablemente en el tránsito urbano de la ciudad. La mayor cantidad de vehículos, sumado a los tranvías que recorrían las calles, complicaban cada vez más la circulación. La necesidad de nuevos medios de transporte pasó al centro de la escena porteña. De allí surgió la idea de construir un "tranvía subterráneo" que uniría, en principio, el tramo Plaza de Mayo - Plaza Miserere. Se trataba de la actual Línea A de subte. Luego de presentados varios proyectos, discusiones y debates entre las autoridades municipales respecto de este nuevo servicio, se aprobó la construcción de la primera línea de subtes de toda América Latina.

A partir de allí, y a lo largo de más de 30 años, comenzó una intensa ampliación de la red. El año 1943 encontraría a la capital porteña con un trazado que ya contaba con las actuales líneas A, B, C, D y E. De esta manera, Buenos Aires se convirtió en una de las líderes mundiales en materia de construcción de transporte subterráneo; contaba, para la época, con una de las redes más extensas del planeta. Como contrapartida, la segunda mitad del siglo XX estaría signada por la decadencia y la disminución de las construcciones. Más allá de algunas ampliaciones, los porteños deberían esperar al comienzo del siglo XXI para ver el nacimiento de una nueva línea (H). Coyunturas desfavorables, los gobiernos de facto que aquejaron al país y el desguace menemista, afectaron la ampliación de esta red de transporte. Al igual que la mayoría de las empresas estratégicas en manos del Estado, el subte no escapó al remate patrimonial propiciado en la década de los noventa.

Subterráneos de Buenos Aires sociedad del Estado (SBASE) es la empresa que estuvo a cargo de la explotación, planificación y construcción de todas las redes de subte de Buenos Aires hasta el 31 de diciembre de 1993. A partir de 1994, se le otorgó la concesión del servicio a Metrovías, que hoy todavía explota las líneas. Sin embargo, la planificación y expansión de nuevas líneas se sigue realizando con técnicos e ingenieros pertenecientes a SBASE, pese a los reiterados intentos del macrismo de quitarle esa facultad a la empresa, en beneficio del sector privado, nacional y extranjero.

El proyecto político iniciado por Néstor Kirchner el 25 de mayo de 2003, y que hoy encuentra continuidad en la presidenta Cristina Fernández, le devolvió a la Argentina la fuerte presencia del Estado en áreas estratégicas que el neoliberalismo se había encargado de destruir. La recuperación de empresas como Aguas Argentinas, Correo Argentino, Aerolíneas Argentinas y la estatización de los haberes jubilatorios son ejemplos de la aplicación de estas políticas.

Lamentablemente, y casi como a lo largo de toda su historia, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires no recorrió el mismo camino que la nación. El caso del transporte subterráneo resulta paradigmático en este sentido. La gestión que encabeza Mauricio Macri, desde su asunción en 2007, se ha dedicado al vaciamiento de la empresa estatal SBASE, la persecución de sus trabajadores y la concepción de que el endeudamiento externo es la matriz esencial para alcanzar el desarrollo. Receta aplicada durante el menemismo que arrojó como saldo Diciembre de 2001.

No es novedad lo mal que se viaja hoy en el subte. Cualquier porteño sufrió lo que se vive en horas picos, las formaciones no alcanzan y todos los días perdemos valioso tiempo que no nos devuelve nadie. Es evidente que Metrovías, en tanto y en cuanto pueda seguir explotando y sacándole el mayor rédito al servicio, no se hará mayores problemas por el bienestar del pasajero. A nuestro entender, resulta inadmisible concebir el transporte público como un negocio: el transporte público debe ser y estar al servicio del pueblo, en este caso del que habita en el Área Metropolitana de Buenos Aires. Es imperioso que SBASE recupere el protagonismo perdido en los noventa y durante la gestión del PRO en la ciudad. Sistemáticamente, se ha ignorado, de manera intencional, el capital humano con que cuenta esta empresa, indispensable para pensar cualquier plan integral en materia de subterráneos.

Para finalizar, creemos que la estatización del transporte subterráneo, tanto para su explotación como para su desarrollo, deben ser prioridades en los próximos años. El subte debe volver a manos de todos los porteños para que éstos lo administren en beneficio propio y no de intereses privados. Es necesario que estas medidas se enmarquen en un Plan Integral de Transporte Urbano que reordene el caudal de tránsito porteño. Debemos continuar por el mismo camino que se inició en mayo 2003, hay que seguir avanzando para que el Estado, Nacional, provincial o distrital, siga recuperando los lugares estratégicos que supo tener y que le han sido quitados en beneficios de intereses contrarios a los de los argentinos.

Matías Rodríguez

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