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La Scalabrini: una propuesta






Rescatar la figura de Scalabrini Ortiz es importante para nosotros como grupo político, más aún como juventud militante. Durante los últimos diez años, se han reconstruido la presencia del Estado y la política en nuestra sociedad, lo cual ha traído la reaparición de los grandes debates estratégicos de nuestro país: el modelo productivo, la soberanía económica, la integración regional. El kirchnerismo ha constituido diversos frentes de batalla, desde la política de derechos humanos, pasando por la rentabilidad agropecuaria, hasta la intervención del Estado en la repartición de las ganancias empresarias, delimitando el campo de la acción política y la capacidad de profundización durante esta etapa.

Scalabrini solía sostener sobre Perón que existían dos formas de contrariarlo. Podía ser por sus errores, lo cual debía ser comprendido y respetado, pero se hallaban quienes criticaban los aciertos de su gestión: la justicia social, el fomento del empleo, la independencia económica, la soberanía política alcanzada. El kirchnerismo, nutrido de un fuerte contenido popular, es víctima de una caracterización ambigua. Es común observar que se lo critique por sus modales o errores pero, por lo bajo, la intención es mitigar sus aciertos. De este modo, se puede evocar lo ocurrido con la resolución 125. Detrás de discursos liberales sobre la división de poderes en materia arancelaria, se encontraban los intereses concentrados defendiendo su rentabilidad.

La conformación del movimiento kirchnerista fue un proceso lento que atravesó diversas etapas históricas y sociales: la reforma de la Corte Suprema, la política de derechos humanos, la reestructuración de la deuda externa, la confrontación con el campo, la ley de medios, la asignación universal por hijo, entre otras medidas destacables. Cada período se caracterizó por la incorporación de un actor social distinto dentro del escenario político y de acción. Y un aporte sustancial del kirchnerismo a la construcción de la política ha sido la incorporación de los jóvenes a dicho espacio. La mayor obra de esta gestión puede no estar en sus victorias materiales sino, de forma complementaria, en sus aciertos simbólicos, cimentando el camino de una futura generación.

Porque vemos que, en la etapa que hoy se abre, es necesaria la institucionalización del campo popular. Porque consideramos que la consolidación de este modelo requiere de presencia en las calles y de debates profundos. Porque vemos la voluntad de avanzar y de aplicar el “Nunca Menos”, creemos imprescindible nuestra participación activa y militante.

Cada expresión de la juventud es bienvenida en este proceso, cada cual adopta su propio rol, atiende aquello que comprende primordial. Nuestro lugar es el debatir, en el seno del campo nacional y popular, directrices estructurales del Proyecto Nacional. Evocar la figura de Scalabrini y adoptar su enseña como agrupación nos parece un modo de rescatar y honrar su pensamiento. Comprendiendo, de todos modos, que el mejor homenaje posible sólo será realizable en tanto participemos activamente dentro de este proceso de transformación iniciado el 25 de mayo del 2003. Ante todo, como afirmaba el mismo Scalabrini Ortiz:

“Nada resiste la voluntad del hombre puesta al servicio de una gran causa”.