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Hoy es el aniversario del nacimiento de Raúl Scalabrini Ortiz . Lo recordamos con este documento sobre su pensamiento


El pensamiento de Raúl Scalabrini Ortiz: antiimperialismo, nacionalismo y latinoamericanismo

“Pero se sigue adoctrinando sistemáticamente

en la enseñanza de la historia para lo cual

los réprobos son los que defendían la soberanía

y los próceres los que la traicionaban

para fines institucionales.”

A. Jauretche.

Los pensadores nacionales hasta la década del 60’ concebían su proyecto político en un doble juego, viendo como dos caras de una misma moneda a sus ideales de izquierda y a la emancipación de la relaciones de colonización que todavía se sentían en la región. Entre ellos encontramos a Raúl Scalabrini Ortiz, historiador, filósofo, escritor y ensayista, que nació el 14 de febrero de 1898. Aunque creció bajo la presión del liberalismo conservador predominante, varios factores se conjugaron para que Raúl Scalabrini rompiera la trama del pensamiento colonial. Por un lado, su militancia juvenil en un grupo llamado "Insurrexit", de ideología marxista, le permite descubrir la importancia de los factores económicos y sociales en el desarrollo histórico. Por otro su permanente deambular por el país por La Pampa, Entre Ríos y Catamarca, lo salvaron de encerrarse en una “visión porteña”. A esto se suma un viaje a París, a los veintiséis años, del cual regresa hondamente decepcionado, pues en la "Francia eterna" del "humanitarismo y los derechos del hombre" encuentra un enorme desdén por los latinoamericanos y una antidemocrática xenofobia del "pueblo elegido". En octubre de 1929, la Argentina, "el granero del mundo" se desmorona: caen los precios de las exportaciones y baja el peso. Desocupación, hambre, tuberculosis, delincuencia y suicidios señalan el inicio de la Década Infame.

Scalabrini se pregunta en primer lugar ¿Cómo es posible que en un país como la Argentina, productor de carnes y cereales, haya hambre? De allí emprende la tarea de demostrar la verdadera realidad nacional, comienza dando lista a nuestras riquezas: ferrocarriles, frigoríficos, puertos, etc. estudiando en cada caso quién es el propietario de los mismos y así llega a la conclusión de que los argentinos nada poseen, mientras el imperialismo inglés se lleva nuestras riquezas a precios bajísimos y nos vende sus productos encarecidos, mientras los ingleses nos succionan a través de seguros, fletes, dividendos, jugosa renta producto de su dominio sobre los resortes vitales de nuestra economía. Pero por sobre todos él apunta decididamente a la clave del sistema colonial: el ferrocarril. Esos rieles tendidos por el capital extranjero son "una inmensa tela de araña metálica donde está aprisionada la República". Es a través del ferrocarril que nuestra economía se organizaba colonialmente para entregar riqueza barata en el puerto de Buenos Aires a los barcos ingleses y es a través del ferrocarril, con sus tarifas parabólicas, que el imperialismo destruye todo intento industrial en el interior, asegurando así la colocación de la cara mercadería importada. “Los ferrocarriles constituyen la llave fundamental de una nación. La economía nacional, pública y privada, el equilibrio de las diversas regiones que la integran, la actividad comercial e industrial, la distribución de la riqueza y hasta la política doméstica e internacional están íntimamente vinculadas a los servicios públicos de comunicación y transporte. Pero muy pocos saben que la potencia de los ferrocarriles es quizá superior a la potencia del Estado, porque se ejerce sin contrato alguno, discrecionalmente. Precisemos algunas de las determinantes de esa potencia. Las entradas brutas de los ferrocarriles argentinos, en conjunto, son casi iguales a las entradas brutas o rentas generales del gobierno nacional. Es decir que los ferrocarriles disponen de iguales medios financieros que los poderes públicos. Hay años, en que los ingresos brutos ferroviarios superan a las rentas generales de la nación”…. Así “Los ferrocarriles pueden extraer sus rentas del modo que a ellos (los ingleses) le convenga. Ellos pueden matar industrias, como las mataron. Pueden aislar zonas enteras del país, como las aislaron. Pueden crear regiones de preferencia, como las crearon. Pueden inmovilizar las poblaciones, como las movilizaron o inmovilizaron de acuerdo a sus conveniencias. Pueden aislar puertos, como los aislaron. Pueden ahogar ciertos tipos de cultivos, como los ahogaron. Pueden elegir gobernadores, como los eligieron. El ferrocarril extranjero es el instrumento del antiprogreso…La construcción de los ferrocarriles en las colonias no persigue el mismo fin que en Inglaterra, es decir, que no son parte de un proceso general de industrialización. Estos ferrocarriles se emprenden simplemente para abrir esas regiones como fuentes de productos alimenticios y materias primas, tanto vegetales como animales. No para apresurar el desarrollo social por un estímulo a las industrias locales. En realidad, la construcción de ferrocarriles coloniales y de países subordinados es una muestra del imperialismo, en su papel antiprogresista que es su esencia". Por último, y dando cuenta de su importancia dice “El ferrocarril puede ser el elemento aglutinador de una colectividad o su más pernicioso disgregador. Por eso, la actitud inicial de los pueblos que logran su conciencia propia es obtener el contralor inmediato de sus propios ferrocarriles.”[1]

Scalabrini Ortiz se sumerge en la historia de los ferrocarriles y paso a paso desnuda la verdad: que los ingleses trajeron capitales ínfimos, que aguaron esos capitales, que quebraron todo intento de comunicación interna que no fuese a dar a Buenos Aires, que subieron y bajaron las tarifas, según sus conveniencias, para boicotear a las industrias nacionales que compitiesen con la mercadería traída de Londres, que obtuvieron miles de hectáreas de regalo junto a las vías, que no cumplieron función de fomento alguna en las provincias pobres, que hundieron unos pueblos y levantaron otros torciendo el trazado de las líneas según sus intereses y los de sus socios: lo oligarcas. Allí encuentra Scalabrini, el verdadero cáncer de nuestra soberanía y en torno a él han crecido las restantes enfermedades que han terminado por hundirnos, reflexiona sobre la moneda y el crédito manejado por la banca extranjera, el banco central, el estancamiento industria, la no explotación de la riqueza minera, ni de la hidroelectricidad, la subordinación a barcos, tranvías y restantes servicios públicos extranjeros, el petróleo, la expoliación de los empréstitos a través del interés compuesto, la dominación a través de los medios de comunicaciones, etc. “En un país empobrecido, los grandes diarios son órganos de dominio colonialista. El periodismo es quizás la más eficaz de las armas modernas que las naciones eventualmente poderosas han utilizado para dominar pacíficamente hasta la intimidad del cuerpo nacional y sofocar casi en germen los balbuceos de todo conato de oposición. En una palabra, desposeído de sus medios colectivos de información, el pueblo queda a merced de sus informantes extranjeros que poco a poco, insensiblemente, influirán hasta en sus sentimientos nacionales, en la jerarquía de sus apreciaciones y en la calidad e intensidad de sus gustos y apetencias.”[2] ¿Por qué habríamos de a darle alguna importancia al pensamiento argentino en el análisis político si ya todo se encuentra colonizado?

Comienza a preguntarse por el ser nacional, por el pensamiento nacional, pero se encuentra con una visión europeizada, una fuerte impronta marcada con fuego y con sangre sobre nuestros cuerpos, y sobre nuestras mentes. Olvidamos o rechazamos lo que nos precedió, lo que éramos, cómo nos constituimos. “Cuatro siglos hacen ya que la sangre europea fue injertada en tierra americana. Tres siglos, por lo menos, que hay inteligencias americanas nacidas en América y alimentadas con sentimientos americanos, pero los documentos que narran la intimidad de la vida de esos hombres no se encontrarán, sino ocasionalmente, por ninguna parte. Razas enteras fueron exterminadas, las praderas se poblaron. Las selvas vírgenes se explotaron y muchas se talaron criminalmente para siempre. La llamada civilización entró a sangre y fuego o en lentas tropas de carretas cantoras. El aborigen fue sustituido por inmigrantes. La inteligencia americana nada vio, nada oyó, nada supo. Los americanos con facultades escribían tragedias al modo griego o disputaban sobre los exactos términos de las últimas doctrinas europeas. El hecho americano pasaba ignorado para todos. El conocimiento preciso de la realidad fue suplantado por cuerpos de doctrina, que no habían nacido en nuestro suelo y dentro de los cuales nuestro medio no calzaba, ni por aptitudes, ni por posibilidades, ni por voluntad. Así se disipó la energía más viva y pura que hubiera podido animar a estas nacientes sociedades.” Pero no es toda culpa nuestra, ve también un fuerte interés extranjero en mantener una matriz de pensamiento huérfana de sus raíces, y captada por grandes líneas históricas que la colocan en el centro de la historia, volcándonos al margen de la misma. “América no estaba aislada. Fuerzas terriblemente pujantes, astutas y codiciosas nos rodeaban. Ellas sabían amenazar y tentar, intimidar y sobornar, simultáneamente. El imperialismo económico encontró aquí campo franco. Todo lo que nos rodea es falso o irreal. Es falsa la historia que nos enseñaron. Falsas las creencias económicas con que nos imbuyeron. Falsas las perspectivas mundiales que nos presentan y las disyuntivas políticas que nos ofrecen. Irreales las libertades que los textos aseguran. Todo lo material, todo lo venal, transmisible o reproductivo es extranjero o está sometido a la hegemonía financiera extranjera. Extranjeros son los medios de transportes y de movilidad. Extranjeras las organizaciones de comercialización y de industrialización de los productos del país. Extranjeros los productores de energía, las usinas de luz y gas. Bajo el dominio extranjero están los medios internos de cambio, la distribución del crédito, el régimen bancario. Extranjero es una gran parte del capital hipotecario y extranjeros son en increíble proporción los accionistas de las sociedades anónimas.”[3]

Poco después conoce personalmente a Juan Domingo Perón, a quien ya le sugiere la nacionalización de los ferrocarriles. El 17 de octubre de 1945, Scalabrini Ortiz forma parte de la multitud que irrumpe en nuestra historia para iniciar una Argentina Nueva. Ese día, se convence de que en esos hombres, a los que llama "esos de nadie y sin nada", y en la figura de Perón, encuentra a los que conducirán al país hacia su nuevo destino: ".... Era el subsuelo de la patria sublevada. Era el cimiento básico de la Nación que asomaba por primera vez en su tosca desnudez original....Eran los hombres que 'estaban solos y esperaban', que iniciaban sus tareas de reivindicación". Las consignas lanzadas por FORJA, a veces casi con las mismas palabras, eran coreadas en ese momento por la multitud. Una nación económicamente libre, socialmente justa y políticamente soberana deja atrás, como un triste recuerdo, a aquella colonia de los años treinta. “Lo que yo había soñado e intuido durante muchos años estaba allí presente, corpóreo, tenso, multifacético pero único en el espíritu conjunto. Eran los hombres que están solos, y esperan que reiniciaban sus tareas de reivindicación. El espíritu de la tierra estaba presente como nunca creí verlo. El nombre del coronel Perón era el conjuro que había realizado el milagro. Contra todos los consejos de la inteligencia y de la experiencia, al margen de los caminos trillados de la política, el coronel Perón había sembrado una convicción directa en la masa del pueblo.”[4]

Su nacionalismo emancipador del dominio internacional colonial, era un medio de lucha, pero también un latinoamericanismo incipiente enfrentado al dominio colonial: “Méjico y la Argentina forman casi en los extremos del continente. Hay entre ambos países una distancia y una disimilitud tan grande que parece que ninguna fraternidad podría colmar. Estamos alejados geográficamente, éticamente, históricamente. Ellos tienen una tradición milenaria riquísima de cultura extinguida que en cualquier momento puede renacer. Nosotros no tenemos a nadie más que a nosotros mismos. En la población mejicana predominan marcadamente las razas autóctonas. Entre nosotros el aborigen fue extirpado; y nuestra sangre es europea. Pero, sobre todas las diferencias, tenemos un parentesco de sufrimientos gemelos, de humillaciones paralelas, de explotaciones parecidas. Y por sobre las disimilitudes, coexiste la misma vibración de una esperanza, la misma ansiedad de una estructuración nueva, en una palabra; el mismo vagaroso, impreciso, pero tenaz ideal de servir a la nueva idea americana.”[5] Luego de su muerte, Jauretche recuerda que Scalabrini fue el maestro que les permitió pasar del antiimperialismo abstracto al antiimperialismo concreto, descubriendo la verdadera realidad argentina, como paso previo al intento de transformarla. Así, encontramos en su persona, un teórico contemporáneo que busca en las entrañas argentinas ese elemento original, único e indescifrable que no se puede importar, y que señala como indispensable para lograr la soberanía. Se trata de la llamada “identidad” o en sus palabras el “ser nacional”.

Autora: Ana Molnar

Bibliografía:

· Scalabrini Ortiz, R.: “Cuatro verdades sobre nuestra crisis”; 1960

· Scalabrini Ortiz, R.: “Yrigoyen y Perón, identidad de una línea histórica”; 1948

· Scalabrini Ortiz, R.: “Política británica en el Río de la Plata”; 1940

· Scalabrini Ortiz, R.: “Los ferrocarriles deben ser del pueblo argentino”; 1946

· Scalabrini Ortiz, R.: “Bases para la Reconstrucción Nacional”; 1965

· Scalabrini Ortiz, R.: “Historia de los Ferrocarriles Argentinos”; 1940

· http://www.elforjista.com/scalabriniortiz.htm

· http://www.matpampa.com.ar/espiritudelatierra/scalabriniortiz/index.htm

· http://www.pensamientonacional.com.ar/



[1] Scalabrini Ortiz, R.: “Los ferrocarriles deben ser del pueblo argentino”; Pág. 26

[2] Scalabrini Ortiz, R.: “Bases para la Reconstrucción Nacional”

[3] Scalabrini Ortiz, R.: “Política británica en el Río de la Plata, ;Pág. 7

[4] Scalabrini Ortiz, R.: “Yrigoyen y Perón, identidad de una línea histórica” Pág. 21

[5] Scalabrini Ortiz, R.: “Cuatro verdades sobre nuestra crisis” Pág. 28

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