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Bajo la sombra de Mariano




No sabíamos de quién se trataba. Muchos desconocíamos qué lo
había llevado, aquel día, a parar en Avellaneda. Leíamos que su nombre era Mariano y que militaba en el Partido Obrero. Y nos dolió, nos dolió y mucho. Más de uno, al conocer la noticia, sintió que aquel joven que moría en manos de una patota era sí mismo. Porque, en lo que respecta a la buena fe militante, los modos quedan de lado y se sinceran las posiciones. En definitiva todos estamos por lo mismo: por un país más justo e igualitario.

La democracia fue un bien que nos costó conseguir. Hubo muertes, heridos, exiliados e incluso desaparecidos. Pero una vez recuperada todos nos aferramos con uñas y dientes a ella. Y ello implica poder ejercer nuestros derechos, nuestras libertades, hacer de la política una práctica común, superar los miedos. Porque la dictadura, junto a su manto de sangre y de terror, se prolongaba en cada amigo, conocido o familiar que nos suplicaba: “no te metas”. Porque no meterse era tener miedo y el miedo no podía ir de la mano con la democracia. Entonces moría Mariano, por el simple hecho de militar, de llevar a la calle sus convicciones y no ceder ante nada. Y ahí estábamos todos.

La condena al hecho no tardó en escucharse. El propio Néstor Kirchner, a pocos días de que falleciera, recibió con dureza la noticia. Se movió, quiso aportar a la investigación y, como último acto, acercó a la justicia el testigo clave que permitió identificar a los responsables.

Desde La Scalabrini apoyamos a la familia de Mariano en la lucha que lleva contra las patotas que le arrebataron la vida y nos condolemos con sus compañeros de militancia. Solo habrá justicia el día que se acabe, de una vez por todas, con aquellas prácticas propias de una argentina a la cual no deseamos volver.

Mariano nos dejó una lección. Y es que cuando se milita se sigue hacia delante, no se bajan las banderas, se las suben aún más alto. Es por ello que, aunque no compartiésemos su ruta, todos marchamos bajo su sombra, porque no tuvo miedo de expresar sus convicciones y porque con el “no te metas” sólo reina la impunidad.

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