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A 149 años del asesinato del Chacho


 

Se cumple un nuevo aniversario de uno de los crímenes más vergonzosos cometidos por el poder liberal porteño que fue el asesinato y descuartizamiento del caudillo riojano Ángel Vicente Peñaloza, el “Chacho”.

Nacido en 1796, en Malanzán, en la sierra de los Llanos, al sur de La Rioja, fue desde joven oficial de Facundo Quiroga. “Cuando se produjo el asesinato de su jefe y protector en Barranca Yaco, el 16 de febrero de 1835,quedó como sucesor indiscutido de su popularidad. En 1840 se pronunció contra Rosas porque creyó que éste había sido uno de los instigadores del asesinato de Quiroga. A las órdenes de Lavalle, el Chacho sublevó los Llanos e inició una guerra de guerrillas contra el fraile Aldao que había ocupado La Rioja. El deseo por tomar su provincia natal para el bando unitario lo llevó a varios enfrentamientos con los diferentes gobernadores de La Rioja. Finalmente fue derrotado por el ejército del gobernador federal de San Juan. Se exilió un año en Chile y en 1844, volvió a San Juan prometiéndole a Benavídez que se sometería al régimen de la Federación. En 1848 y en una situación de pobreza extrema, le permiten volver a La Rioja, su provincia natal. Esta situación molestó a Rosas que le exigió a Benavídez, enviar al Chacho a Buenos Aires, aunque el gobernador eludió la demanda. No obstante estar bajo garantía, participó en el derrocamiento del gobernador riojano, Vicente Mota. A partir de ese momento, la situación del Chacho mejoró por su prestigio en el sostén del nuevo gobierno de Manuel Bustos. En 1852, con la derrota de Rosas, se afirmó con mayor solidez, intervino en cuestiones de política local y llegó a cartearse con el general Urquiza.” (Vicente Osvaldo Cutolo, “De Nuevo Diccionario Biográfico Argentino 1750-1930")

En 1855 fue ascendido a general por el presidente Urquiza. Vicente Cutolo nos explica que “el nuevo gobernador de La Rioja, Solano Gómez, toma una serie de drásticas medidas que provocan que en 1856 Urquiza -en ese momento, presidente de la Confederación-, envíe una comisión que interviene en los asuntos provinciales. Ante el fracaso de los intentos encauzar la política provincial en el marco de la Constitución nacional, estalla una revolución promovida por Bustos y apoyada por Peñaloza que destituye al gobernador. La Legislatura lo reemplaza por Bustos que mantiene buenas relaciones con el Chacho. Sin embargo, la armonía se rompió a causa de los intentos revolucionarios de los hermanos Carlos y Ramón Ángel en 1859 y 1860 para derribar al gobierno. Las sanciones aplicadas a ambos disgustan a Peñaloza que era su protector y pide la renuncia de Bustos. Nuevamente, el gobierno nacional envía diferentes delegados para solucionar el pleito pero estos fracasan. Finalmente, Peñaloza toma el poder provincial y convoca a elecciones, que dan como resultado el nombramiento de Villafañe como nuevo gobernador. Urquiza envía una comisión para aconsejarlo que desarrolle una política acorde a la Constitución nacional.


El triunfo de Mitre en Pavón trajo un período aciago para la provincia. El gobierno central le pide a Peñaloza que oficie de árbitro en el conflicto entre Santiago del Estero y Catamarca. Aprovechando su ausencia el gobernador de Córdoba, Marcos Paz, se apoderó de La Rioja. La región se insurreccionó y decenas de partidas trataron de estorbar y aislar a los nacionales. Para congraciarse con Mitre, Villafañe traiciona a Peñaloza y firma una declaración en la que lo repudia y amenaza con castigos a los que lo apoyasen. El Chacho regresa apresuradamente e ingresa la ciudad con el apoyo popular. Villafañe había huido y el gobernador delegado repara el agravio inferido al Chacho. En ese momento Mitre y Paunero, alarmados por la supervivencia del Chacho, envían una comisión a negociar con él. Los jefes liberales reconocieron la necesidad de incluir al Chacho como una garantía del orden y la tranquilidad en el interior pero luego, lo acusaron de delitos que no había cometido y buscaron por todos los medios posibles, que Mitre le declarara la guerra. Por fin lo consiguieron y se designó a tal efecto, al gobernador de San Juan, Domingo Faustino Sarmiento, enemigo encarnizado del caudillo riojano. El Chacho enarboló la bandera de la rebelión frente al proyecto liberal y organizó una guerra de montoneras. Intentó atacar San Juan pero fue derrotado por el mayor Irrazábal. Dos días antes de morir, escribió una carta a Urquiza que se considera su 'testamento político'. Allí de pide que se ponga al frente de la lucha contra los herederos de Pavón. El 12 de noviembre de las fuerzas de Irrazábal lo encuentran en su casa y le exigen que se rinda. El Chacho entrega el puñal que le había obsequiado Urquiza en señal de aceptación, pero Irrazábal lo atravesó con una lanza. Su cabeza fue exhibida en la plaza de Olta durante ocho días.”(Vicente Osvaldo Cutolo, “De Nuevo Diccionario Biográfico Argentino 1750-1930”)

El asesinato del Chacho Peñaloza fue presentado por los periódicos de la época, los de Buenos Aires, como el "lógico final de un bandolero". Sarmiento y Mitre justificarían el método en nombre del progreso. 
 
El bárbaro es insensible de cuerpo, como es poco impresionable por la reflexión, que es la facultad que predomina en el hombre culto; es por tanto poco susceptible de escarmiento. Repetirá cien veces el mismo hecho si no ha recibido el castigo en la primera. El bárbaro huye pronto del combate; y seguro de su caballo, la persecución que no lo alcanza, no ejerce sobre su ánimo duraderos terrores. Volverá a reunirse lejos del peligro, sin echar muchas cuentas sobre los que más tarde pudieran sobrevenirle. ¿Concíbese de otro modo cómo Peñaloza emprende una guerra, cuando, sometida toda la República en 1862, había cuerpos de ejército victoriosos en Catamarca al norte, en Córdoba al Este, en San Juan al sur? Y sin embargo, esto lo repite cada uno de esos campesinos a su turno.”

(Domingo Faustino Sarmiento “El Chacho, último caudillo de la montonera de los Llanos” )

La muerte del Chacho caló hondo en la cultura popular. Las últimas montoneras posteriores a su muerte, como la de Felipe Varela, luchando contra el liberalismo porteño, rescatan su nombre.

De Chile llegó Varela,
Y vino a su Patria hermosa.
Aquí ha de morir peleando
por el Chacho Peñaloza.

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