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El día de la militancia, ayer y hoy

Por Juan Manuel Valdés Para Identidad Colectiva



Los especialistas en la torá hebrea dirían que el 17 es un número cabalístico para el peronismo. En la compleja heterogeneidad que articula la historia de este movimiento, no habría razones por las que no pudiera interpretárselo también desde prácticas religiosas. Fue un 17 de octubre el día que el subsuelo de la patria irrumpió de una vez y para siempre en la historia argentina; fueron 17 los años que debió Perón permanecer en el exilio, con breves estadías en Paraguay y Panamá y luego la permanencia en Madrid, hasta que también un 17 de noviembre se cumplió su tan ansiado regreso.Aquel día, en un charter de Alitalia una gran comitiva acompañó la vuelta del líder, enmarcando el acontecimiento político más trascendente de aquel tiempo. En ese vuelo participaron diversas personalidades, cuya rememoración nos permite imaginar el amplio espectro social que movilizaba Perón y su movimiento. Entre otros se encontraban celebridades Chunchuna Villafañe, el futbolista José Sanfilippo, Oscar Alonso, Juan Carlos Gené y Marilina Ross, que dificultaban la posiblidad de que hubiera un atentado contra el avión. En lo político, podríamos decir que se trató de un variopinto que incluyó desde dirigentes como Carlos Saúl Menem (por aquel entonces dirigente de la JP riojana) y Antonio Cafiero; pasando por militantes de la juventud peronista como Nilda Garré y Horacio Pietragalla, el padre Carlos Mugica; los abogados y militantes Eduardo Luis Duhalde y Rodolfo Ortega Peña, los sindicalistas José Ignacio Rucci y Lorenzo Miguel; llegando hasta los tristemente célebres Raúl Lastiri y José López Rega.Aquel viernes lluvioso, multitudes peregrinaron hasta el aeropuerto de Ezeiza, cruzando el río Matanza a nado, frente a una dictadura que había decretado feriado e interpuesto sus tanques para evitar que se produjera “otro 17 de octubre”. Finalmente, el encuentro con el líder se produjo en su residencia de Gaspar Campos 1065, en la localidad de Vicente López.No es un hecho casual que aquella jornada haya pasado a la historia como “día de la militancia”. Durante 17 años se había realizado la heroica Resistencia, en la cual innumerables compañeros ofrecieron “la vida por Perón”; desde los bombardeados el 16 de junio de 1955 hasta los mártires de Trelew; desde los fusilados de 1956, pasando por el desaparecido Felipe Vallese, hasta Fernando Abal Medina y Carlos Gustavo Ramus. Fueron años donde el peronismo se reinventó y amplificó su movimiento, de la mano del Luche y Vuelve, la producción teórica John William Cooke, la proclama del Congreso de Huerta Grande, la toma del frigorífico Lisandro de la Torre, el Cordobazo, el sindicalismo combativo de Ongaro y la CGT de los argentinos y la irrupción de una nueva generación en la política, las organizaciones peronistas revolucionarias. Fue este proceso popular el que creó las condiciones para el regreso de Perón, quien con su tenacidad soportó casi dos décadas de destierro junto a la desapación del cuerpo de Eva, y mantuvo su liderazgo.El día de la militancia nos permite también trazar un puente temporal con los acontecimientos que estamos viviendo en la actualidad, en la que una nueva generación vuelve a participar en la política tras décadas de desencanto y nihilismo. Muchos han participado de otra resistencia, la resistencia al neoliberalismo, la de los piquetes y los movimientos de trabajadores desocupados, la de la exigencia de Juicio y Castigo a los genocidas. Sin embargo, esta generación surge con la férrea convicción de defender la democracia como valor supremo para alcanzar la justicia social. En esto se diferencia de los años en que las proscripciones, golpes de Estado y persecuciones volvían cualquier formalismo institucional un maquillaje fraudulento que exluía a las mayorías.Es por ello que una de las principales tareas al recordar el 17 de noviembre sea la de reafirmar el valor de la participación política, que no surge del seguimiento acrítico com postulan los profetas del desánimo, sino de la crítica permanente ante las injusticias sociales. Nadie es más crítico que un militante, porque su principal objetivo es la transformación del mundo en que vive. Defender esta idea de militancia se vuelve indispensable a la hora de consolidar los cimientos de un proyecto político emancipatorio.

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