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Hablemos de la deuda


Por Rafael Skiaradessis


La deuda externa –de ahora en más referida como deuda pública- tiene un fuerte peso en el universo simbólico y material de nuestra historia. Desde la toma del empréstito Baring, hacia el año 1824, hasta el megacanje del año 2001, su pago estuvo relacionado al saqueo y hambruna padecidas por nuestro pueblo. En este largo trecho hubo contadas excepciones como fueron las presidencias de Yrigoyen y Perón y, con posterioridad, las de Néstor y Cristina.

Cuando De la Rua abandona la casa de gobierno la relación deuda/pbi (o sea el peso de la deuda con respecto a la economía real) era del 149%. Su excesiva onerosidad al igual que sus acortados vencimientos -producto del megacanje- colocaban al país en una situación de extrema vulnerabilidad financiera e internacional.
  
Tras declararse el default, durante la breve gestión de Rodriguez Sáa, fue Néstor Kirchner quien debió enfrentar el complicado panorama que implicó el fuerte vencimiento de capital que se aproximaba en el año 2005. Es por ello que procedió a reestructurar los montos defaulteados logrando una quita del orden del 60% y convirtiendo a la operación en la más compleja y exitosa hasta la fecha. 
 
Pero el mérito de la reestructuración no radicó sólo en lo sustancial de la quita, sino en el cambio de su composición en pesos pasando de un 3% a un 38% aproximadamente. Por lo que la reestructuración constituyó un acto soberano que vino de la mano con el pago de la deuda al FMI cancelándola en su totalidad. Hacia el año 2005, la deuda pública había disminuido considerablemente en su valor, cambiado en su composición y, en lo que respecta al endeudamiento con organismos multilaterales, el país había ganado mayor soberanía económica pudiendo prescindir de las viejas recetas neoliberales.

La decisión del kirchnerismo de honrar sus deudas, por más que fueran heredadas de otros gobiernos, se coloca en el marco de una decisión estratégica de cara a las necesidades del país y su inserción internacional. De la mano de la reestructuración del 2005, que dio fin al default del 2001, hubo una orden expresa a los organismos públicos superavitarios de adquirir títulos de deuda, según sus posibilidades, reduciendo la porción de títulos públicos en mano de tenedores privados. De este modo, la relación deuda/pib con los acreedores privados disminuyó al 16,7%, por lo que su peso sobre la economía argentina se ha visto abruptamente reducido.

Tras un año complicado, motivado por la crisis internacional al igual que los manejos espurios de los grupos concentrados de interés, se viene sorteando el 2012 contra todo pronóstico. Sin que haya una sangría de reservas ni se pierdan puestos de trabajo el país continuó su proceso de crecimiento, aunque fuera a un ritmo menor, mientras se afrontaba un vencimiento en dólares del orden de U$D 8.376 millones. Para el año 2013 serán de U$D 4.750 millones, junto a los de este año son parte del vencimiento 2009-2016 que ronda los U$D 20.850 millones. Sin embargo, los pagos a efectuarse tras el 2017 serán ínfimos en comparación a los anteriores, pero sobre esto nada dicen los medios hegemónicos de comunicación.
 
El abordaje que ha dado el kirchnerismo a la reestructuración de deuda 2005 y 2010, al igual que los pagos realizados por medio de las reservas de libre disponibilidad del Banco Central, han brindado mayor poder de decisión política al gobierno al igual que quitado la fuerte carga que implicaba para las cuentas nacionales. Hoy en día, en el marco de un evidente proceso de desendeudamiento, son repudiables los cuestionamientos que se realizan sobre el mismo con el fin de desinformar sobre sus virtudes. Esto se lo observa en el abordaje a cuestiones como la problemática de los fondos buitres así como con el control cambiario implementado a fines del año pasado. Sobre este último asunto poco se dijo de la corrida al dólar, sufrida de agosto a octubre del 2011, así como la soja no liquidada - almacenada en cilo bolsas- durante los primeros trimestres del año, que rondó los U$D 7.000 millones aproximadamente. De no haber intervenido el gobierno en la cuestión sus efectos hubiesen sido demoledores en un año de fuertes vencimientos. Si hoy en día de la deuda no se habla es porque su peso no se siente en las espaldas de los argentinos como ocurría hace menos de 10 años. Ello no implica que esté todo dicho, pero sin un sinceramiento de posiciones y posturas definidas al respecto, poco se puede debatir. Tal vez habrá que esperar hasta la plena implementación de la ley de medios para poder saldar los debates pendientes de nuestro país, sin que las mentiras los embarren en el proceso.

ANEXO I


El último vencimiento de mayor peso será el del 2015. Como se puede apreciar en el gráfico, los vencimientos de capital tras el 2017 serán de menor peso al igual que el porcentaje en manos de tenedores privados. Por otro lado, los títulos en manos de las agencias públicas son renegociables al igual que los que poseen los organismos multilaterales y bilaterales de crédito. 


Este gráfico muestra el fuerte proceso de desendeudamiento del período 2003-2012. Se muestra el porcentaje que representa la deuda pública en el PBI. Realidad que no es parte del análisis que difunden los medios hegemónicos.

ANEXO II

En este cuadro se puede observar el cambio en la composición de la deuda entre tenedores privados y las agencias del sector público al igual que la relación deuda/pib. Si bien los datos son del primer trimestre del 2011, al 2012 la ratio es de 44,20%.



ANEXO III



En este gráfico se puede observar la relación deuda/pbi (debt/gdp) en Europa. La constante de la zona del euro se encuentra por debajo del 100% siendo el caso más preocupante Grecia con un ratio del 170,6%. Si bien es cierto que países desarrollados, como es el caso de Japón, poseen una ratio superior a la de Grecia -lo que puede implicar un problema a futuro-, lo alarmante con la situación de los PIIGS (Portugal, Irlanda, Grecia y España), y Europa en su conjunto, es que se puede observar un incremento exponencial de la deuda con el pasar de los años.

En el caso Español, la relación deuda/pbi era del 36,1% en el 2008 para ubicarse hoy en día alrededor del 69%. Esto implica que su PBI ha crecido a un menor ritmo que la deuda, por lo que el peso que posee en la economía real española ha ido en abrupto y demoledor crecimiento.



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